En Agosto llega la Feria, la ciudad con los calores del mes, no parece descansar. Malaga se vuelve aún más bulliciosa, si ello es posible, durante el dia y no parece descansar, durante la noche, permaneciendo sus calles llenas de vida, hasta altas horas.
En ese entorno de una ciudad que se relaja, la feria la convierte en algo mágico, lleno de un especial colorido, donde la mujer protaganiza la más bella estampa de la Andalucia de siempre, llevando de atavío el típico traje andaluz.
La multitud se esparce por la ciudad durante el dia, en un conglomerado de luz y color, donde la copa de vino, sirve de estimulo a una charla siempre fácil y divertida que llega hasta el último rincón, y cantes y bailes de la tierra son interpretados por numerosos grupos, con verdadera maestría, mientras los caballistas, pasean sus engalanados caballos, y ya en el inicio de la tarde en esa hora bruja, del verano andaluz, empiezan los timbales a lanzar su sonido de fiesta grande, de bravura y de emoción de arte y señorio, donde el triunfo y el fracaso reparten su suerte cada tarde, acompañando la vida de ese mito hecho persona que es el torero cuando se viste de luces cada dia. En esos tendidos de la Malagueta, los malagueños sienten la emoción de esa fiesta sin igual, que en su plaza tiene especial relieve..
Por las noches, en cientos de casetas, las peñas, asociaciones, amigos o familias se reunen y reciben con los brazos abiertos a los visitantes invitandoles a beber el buen "vino de los montes" y a catar el jamón serrano, sin faltar el pescaito frito. Desde bien temprano hasta altas hora de la madrugada, la música, el vino y la alegría convierten a esta fiesta en algo dificil de imaginar, si no se conoce.