HISTORIA DE MARBELLA

Miguel Nieto.

La extendida especie de que Marbella es un municipio surgido prácticamente de la nada, un pueblito de pescadores sin historia ni raíces que tan solo debe su nombre y su marbete al desarrollo turístico, constituye una de las falacias más sangrantes, y no por ello menos extendida, sobre esta ciudad.

 Marbella tiene fuste histórico, su creación se remonta a más de un milenio antes de Cristo y nunca fue una aldeilla que vivía de las sardinas que cosechaban sus redes. hasta en el pasado más cercano, siguió siendo siempre una ciudad importante que, en todo caso, vivía de su campo, de su agricultura y de su minería. El desarrollo turístico, su fama internacional más que merecida, se la ganó después.

No obstante, resulta difícil situar los orígenes de la ciudad que unos eruditos identifican con la Mainake griega, otros con la Salduba romana, y otros con la Cilniana, también romana, aunque ésta estaría más cerca del actual San Pedro Alcántara. Tolomeo y el historiador romano Pomponio Mela ya hablaban de Salduba, una ciudad situada cerca de Malaca (Málaga) y Laccipo ( al norte de la actual Casares). Lo que es indudable, polémicas de nomenclatura aparte, es que ya existía un núcleo urbano importante en tiempos romanos y que, seguramente, el asentamiento era aún más antiguo. De hecho, por remontarse a tiempos remotos, en los alrededores de la ciudad, como en la cueva de Pecho Redondo, se encontraron restos neolíticos de entidad. Los vestigios romanos encontrados certifican que ya contábamos con una ciudad de considerables dimensiones. Uno de los primeros historiadores que se interesaron por nuestro pasado, Vázquez Clavel en el siglo XVII, halló en sus excavaciones, termas en la calle Muro, cimientos en las calles Carmen y Ortiz de Molinillo, monedas y vasijas en las obras de renovación del antiguo ayuntamiento, y unas pilas de forma cuadrada en la propia plaza de los Naranjos.

ROMA.

Fernando Alcalá, cronista oficial de la ciudad coincide con la apreciación de su compañero y sostiene que el casco antiguo medieval se levantó sobre las ruinas de una ciudad romana, que identifica con Salduba, cuyos elementos serían  posteriormente reutilizados ( por ejemplo en su castillo, en el que se aprovecharon sillares y hasta un capitel jónico para sus murallas) por los árabes.

Pero hay más vestigios romanos en el término municipal, como las termas romanas situadas al sur de San Pedro Alcántara, o la villa romana de Río Verde. Las termas conocidas popularmente como Las Bóvedas, parecen pertenecer, según las últimas excavaciones realizadas, a una antigua mansión de recreo de finales del imperio romano. La hacienda era grande, contaba con acueductos para allegar agua a la finca y a los baños y, probablemente, según los restos hallados en las catas, mantenía una industria de salazones. Posiblemente el preciado "garum" romano. Hoy se conservan las bóvedas de la terma (de ahí su nombre). La villa romana, que fuera excavada en la margen de rio Verde por el arqueólogo Carlos Posac, mantiene en bastante buen estado alguno de sus mosaicos, entre los que destacan sus motivos culinarios y su motivo central La Gorgonia.

Otro de los monumentos históricos más destacables de Marbella es la basílica paleocristiana de Vega de Mar, de interés arqueológico nacional con su doble ábside. Este excelente hallazgo arqueológico fue realizado en 1930 por el profesor Pérez de Barrada. Se trata de un pequeño templo que se data en el siglo IV después de Cristo.

MARBELLA MUSULMANA.

Los musulmanes, que invadieron la península en el siglo VIII, reconocieron el valor estratégico de la población. En el siglo XII, el historiador Al Idrisi la definía como "una ciudad pequeña pero bien habitada". Su población se calculaba en estos tiempos en unos 3.000 habitantes. Los musulmanes la fortificaron y sus numerosos vestigios han perdurado, con desigual suerte, hasta nuestro días. El más importante es, sin duda, el Castillo, bastión de la ciudadela. El recinto amurallado de la medina reunía unos 90.000 metros cuadrados de calles. Además, todo el litoral contaba con varias torres almenaras (de señales) que permitían vigilar las incursiones procedentes del otro lado del Mediterráneo. Posteriormente, los Reyes Católicos y Carlos V reconstruyeron algunas y mandaron levantar otras con un fin similar aunque en este caso vigilaban a la propia Berbería. Marbella era en tiempos árabes ciudad de huertas y cultivos entre los que sobresalían por su fama los higos y frutales. También había numerosas moreras dedicadas a la seda. El Castillo se considera, según Fernando Alcalá, una obra califal del siglo X, que fue ampliado en periodo nazarí.

Carlos Posac cree que en algunos de sus testeros se utilizaron restos de templos romanos, el perímetro fortificado de la ciudad presentaba tres puertas, de Ronda de Málaga y del Mar, nombres que aún permanecen en la toponimia local.

El rey Fernando El Católico, en su avance hacia Granada, conquista la ciudad con facilidad el 11 de Junio de 1.485. desde entonces, el santo que se honra este dia, el chipriota Bernabé, se convierte en patrono de la ciudad y el lugar en que el caudillo moro entrega las llaves al rey, se denomina Cruz de Humilladero. Pese a lo que comúnmente se cree, el nombre se debe a que fue el propio Fernando quien se humilló para dar gracias a Dios por haber tomado la ciudad sin derramamiento de sangre, y no a que lo hiciera el rey moro en señal de sumisión.

FORTIFICACIÓN.

Los Reyes Católicos deciden reforzar las defensas de la ciudad. que también experimentó grandes cambios interiormente. Alcalá destaca la construcción de varias capillas, del convento de la Santísima Trinidad, casi pegado a las murallas y del que hoy se conservan apenas unas maltrechas arcadas, y del Hospital de San Juan de Dios, destinado a los forasteros enfermos. En la plaza de los Naranjos se erige la ermita de Santiago y en los exteriores el convento de San Francisco, ya demolido. Se abren nuevas calles, entre las que destacaría la calle Nueva que enlazaba con la puerta del Mar y daba acceso a La Marina.

Otras obras destacables son el hospital Alonso de Bazán, construido por el que fuera alcaide en 1.568 y que hoy se ha convertido en el Museo del Grabado Español Contemporáneo y sede de la Delegación de Cultura, y la cárcel. De esta última, tampoco queda ningún vestigio ya que allí se levantó el nuevo Ayuntamiento y del antiguo se conserva su sala capitular, con un bello artesonado, y varios murales en lo que hoy es despacho de la Alcaldía, hace unos años museo municipal y en el siglo XVII sala de justicia. Los frescos al temple representan a las santas Justa y Rufina, un cristo crucificado y un escudo imperial de España.

La iglesia de la Encarnación, cuyo campanario fue durante lustros el punto más alto de la ciudad, se edificó en 1.618. Los Austrias impulsaron también el desarrollo de la ciudad y de este periodo se conservan vestigios importantes como la casa del corregidor, en la propia plaza de los Naranjos, y muchas mansiones con sus característicos miradores.

Marbella continúa su crecimiento en el siglo XVIII con la creación del barrio de San Francisco con calles tan emblemáticas como Ancha o Lobatas. En la Marina se levanta el Fuerte de San Luis, sobre el que ahora está construido el Hotel El Fuerte. A mediados de este siglo, el casco urbano de Marbella cuenta con 820 casas, de las que solo 14 estaban en ruinas o deshabitadas. Surgen nuevas iglesias como la del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, en la calle Ancha, o la del Calvario en el parque del mismo nombre, ya fagocitada por el desarrollo de la ciudad. El proyecto para reforzar las defensas del Castillo se elabora en 1735 y los primeros viajeros ingleses se asoman a su belleza. Francis Carter señala que Marbella "tiene una situación extremadamente agradable".

EMPUJE INDUSTRIAL.

En el siglo XIX la ciudad se ensancha hacia el barrio Nuevo, hoy conocido simplemente por el barrio, junto al arroyo de Las Represas. Se acometen numerosas obras públicas, como edificios, calles y puentes. El crecimiento está muy ligado a la desaparición de los corsarios, lo que permitía a Marbella traspasar su recinto amurallado. Pero el gran empuje será industrial, a manos privadas, con la creación de las ferrerías de La Concepción, montada por la familia Heredia, y la de El Ángel, obra de los Ejiró. Trabajaban en ellas mas de mil jornaleros. La otra colonia, ésta de marcado carácter agrícola, fue fundada en 1870 por Manuel Gutiérrez de la Concha, marqués del Duero, en lo que sería el germen del actual San Pedro Alcántara. La ciudad, pese a que para muchos es desconocido, contó así con los primeros altos hornos de España.

Pero el negocio, una vez que se esquilmó el bosque aledaño de sierra Blanca para alimentarlos, terminó por abandonarse. Marbella se dota de alumbrado, primero con reverberos (1.845) y ya a finales de siglo con luz eléctrica. La farola ahora situada en la plaza Virgen de África y antes en la del Ayuntamiento tiene fecha de 1.886. Alcalá Marín, a cuyos amenos trabajos de recopilación histórica hay que acudir ineludiblemente, considera que el hecho mas "venturoso" de la historia de Marbella en este siglo lo constituyeron las colonias de San Pedro y El Ángel.

San Pedro Alcántara contaba en sus inicios con 10.000 hectáreas y se convirtió en una de las colonias agrícolas modelo de la España de este tiempo, tanto por su organización como métodos de producción con la introducción de la primera maquinaria en el campo. Allí se probó el primer tractor a vapor. La colonia inicial la formaban 146 casas con casi un millar de labriegos. Se construyeron pantanos y acequias y la colonia adquirió entidad de pueblo, con sus órganos de administración y seguridad propios. La ferrería de El Ángel fue reconvertida en feraz colonia agrícola. Sus productos, sobre todo sus maravillosas naranjas, son un elemento más de la memoria colectiva del pueblo.

LA MARINA.

Paralelamente, se desarrolla La Marina, la zona sur de la ciudad, de la que ya existían vestigios romanos. Cuenta con varios almacenes de salazones y existía una torre denominada de La Mar. Son múltiples los testimonios que hablan de la belleza de la ensenada de Marbella. El fuerte de San Luis fue terminado en 1.725. Contaba con puente levadizo pero desapareció en la guerra de la Independencia. Cuando se retiraron los franceses, lo dinamitaron. Apenas si queda el resto de un torreón en los jardines del actual hotel. El primer proyecto de puerto se quedaría en el denominado muelle de piedra que se iniciaría en 1.818, en tiempos de Fernando VII. Su construcción fue dificultosa y en 1.830, cuando apenas si tenía 100 metros, se abandonaron los trabajos.

Otro muelle importante sería el de hierro, construido por la compañía "The Marbella Iron Ore C. L." que explotaba la mina de hierro del Peñoncillo. El pantalán para carga y descarga del mineral tenía 344 metros y se asentaba en el centro de La Rada, en lo que hoy sería la bajada de Miguel Cano. La mina, otro vestigio del señero desarrollo industrial de la Marbella del XIX, terminó cerrándose y el muelle de hierro fue desguazado y vendido como chatarra en 1.934. Marbella también contaba con un viejo faro, situado donde hoy se levanta el nuevo, que fue construido a mediados de siglo. Hacia 1.955 logró por fin levantarse el primer puerto, que fue pesquero, junto con el barrio de pescadores de La Bajadilla.

SIGLO XX.

El desarrollo de Marbella acabaría en el siglo XX con algunas de la estampas idílicas de la ciudad ; su paseo de Guadalpin, la zona de La Fontanilla con todo el litoral diáfano, y la antigua Alameda, centro de la vida urbana de la ciudad con su jaula y sus diligencias. No obstante se levantan otros edificios como la plaza de toros, el casino, el teatro principal y los primeros hoteles como El Comercial (1.918) o el Miramar (1.935). El despegue turístico se producirá restañadas las primeras heridas de la Guerra Civil con iniciativas como la de Ricardo Soriano, marqués de Ivanrey, pionero donde los haya, que crea las ventas y albergues del Rodeo. Luego llegarían El Fuerte, el Marbella Club, el Golf Guadalmina, el San Nicolás y el Don Pepe o Los Monteros.

Surgen también, como producto de la venta parcelada de las colonias de San Pedro y El Ángel, los primeros grandes complejos turísticos, entre los que destaca el de Guadalmina, creado por Norberto Goizueta, o el de Nueva Andalucía, promovido por José Banús. Su puerto deportivo, construido hace unos 25 años, se convirtió en el más importante de España. Luego llegaron más puertos, como el Deportivo de Marbella o Cabopino, y una decena de campos de golf y cientos de urbanizaciones de lujo. El desarrollo del supuesto pueblecito de pescadores, apenas una aldea sin oficio y beneficio para la más atrevida de las ignorancias, es hoy el mascaron de proa del turismo nacional. Una historia de futuro que aún está por escribir pero que, como queda relatado, tuvo los cimientos sólidos de una ciudad con solera que puede sentirse orgullosa de su pasado. De su larga historia.

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